Atrapada entre orugas peludas

Cuando, durante la primera fase de las obras, tuvimos que dejar nuestra casa durante unas semanas, ignoraba los peligros que nos aguardaban en nuestro nuevo hogar provisional. ¡Quién me iba a decir que acabaría siendo prisionera de un ejército de orugas peludas!
Por suerte, conseguí escapar y estoy aquí para contároslo…

Como os decía, allí no estábamos solos: decenas, centenares, miles de orugas peludas marchaban en hileras por aquí y por allá en actitud poco amistosa. En un principio no desconfié de ellas porque pensé que serían parientes descoloridas de las orugas cosquilleras platónikas*. Pero pronto empezaron a comportarse de manera extraña y su presencia se me hizo cada vez más inquietante: parecían acecharnos en cada esquina, montaron turnos de vigilancia en la puerta para controlar nuestras entradas y salidas… incluso enviaron espías que, camufladas entre la colada, consiguieron infiltrarse en la casa. Desde luego, su comportamiento no tenía nada que ver con el de sus parientes platónikas.
La prueba definitiva de que no eran orugas cosquilleras la viví en mis propias carnes cuando comprobé que, lejos de producir cosquillas, causaban una urticaria tremenda. ¡Ay madre, qué picor!
Ni que decir tiene que no vuelvo a aquella casa ni loca. Hogar, dulce hogar -aunque esté en obras.
*Para aquellos de vosotros que nunca hayáis oído hablar las orugas cosquilleras, os diré que son unas criaturillas realmente simpáticas; por su vivo colorido, es un auténtico espectáculo verlas ir de un lado a otro formando divertidas caravanas de pelusa multicolor. Como siempre avanzan en línea recta, cuando topan de frente con alguien no lo rodean: le trepan por los pies y se pasean por él de abajo a arriba y de arriba abajo hasta llegar al otro lado, donde prosiguen su camino, dejando tras de sí al oportuno visitante, que no puede evitar continuar llorando de la risa durante horas por el chispeante cosquilleo que el contacto oruguil provoca.

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6 thoughts on “Atrapada entre orugas peludas

  1. Pues estas orugas son las “procesionarias” (jeje, porque van en hilera como las que van de procesión en semana santa…. mucho que ver con la pasionaria en la pasión que le ponen cuando te rozan y te dejan esa maravillosa urticaria venenosa: más que testigo de ello, lo he sufrido en mi propia piel).

    Y al parecer, tampoco hacen bien a los pinos, donde empiezan a tejer su nido y secan las ramas donde se ubican… recuerdo hace unos años una plaga y cómo hicieron para erradicarla…

    Me ha gustado tu página y sobre todo tus imágenes. He llegado a ella buscando fotografías en google. Si no tienes inconveniente, te tomaré prestadas algunas de ellas y sin modificar nada de su contenido.

    Un fuerte abrazo
    S OL

  2. Así que tú también has tenido ocasión de conocer a las terribles orugas de los pinos, MC? Ufffffff, qué pupa!(pasionarias creo que se llaman, las puñeteras)

    Alaaaaá que envidia, tenemos por aquí un afortunado paseante que ha sido “cosquilleado” por una auténtica y genuína oruga cosquillera platónika! Qué suerte, Aivan!!!! Gracias por compartir tu experiencia con nosotros, ahora ya sabemos que en la Vall de Boí hay orugas cosquilleras: toma nota, Azhra! ;-D

  3. Ei!

    Yo tuve el placer de conocer a una oruga cosquillera! sucedió en el valle de Boí, tras una caminata que hicimos por sus bellos parajes. Hacía sol y llevaba un pañuelo en la cabeza y, sin saber como pasó exactamente, empecé a sentir un leve cosquilleo que bajaba a través de mi frente. En un principio lo atribuí a la ligera brisa que al atardecer soplaba a través del valle, pero a medida que nos aproximábamos a nuestro destino, el cosquilleo fue aumentando cada vez más a la vez que una leve sonrisa se dibujaba en mi rostro. En un acto reflejo, mi mano tocó el pañuelo en mi cabeza y en ese preciso instante un pequeño cilindro gelatinoso de un vivo color verde lechuga se precipitó desde mi cabeza, yendo a parar a mi hombro y a continuación al suelo. Movido por la curiosidad, me agaché para ver que era aquello y pude contemplar como una pequeña y preciosa oruga verde con motitas amarillas serpenteaba presurosa en busca de la maleza que la ocultase. ¡Vaya, ahora sé que tal vez iba en busca de sus amigas para poder cosquillear mejor a algún despistado paseante como yo!

  4. Diox!Por desgracia conozco a esa horribles orugas de los pinos que te estubieron invadiendo la casa mejor de lo que me gustaría. Me alegro de que ya vuelvas a estar en tu hogar dulce hogar, quizás puedas contactar ahí con alguna oruga cosquillera para compensar :-)

    MC.

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