Historias del puerto (III)

En el puerto hay barcos de pesca (normal) y gatos (también normal, porque allí hay pescado)… Pero, si bien a simple vista esto nos puede parecer corriente, hay algo extraordinario en ellos que casi siempre pasa desapercibido; yo misma no me habría dado cuenta si Sergi no me hubiera explicado lo que había descubierto en sus expediciones nocturnas.

El misterio está en la relación que mantienen los unos con los otros; existe una peculiar cooperación entre navíos y mininos de la cual el pequeño explorador platóniko fue testigo, y que yo ahora os cuento a vosotros, aun sabiendo que muy probablemente os parecerá tan increíble como me pareció a mi antes de verlo con mis propios ojos. En efecto, he podido comprobar que, por las noches, las barcas de los pescadores transportan furtivamente felinos pasajeros en sus cubiertas hasta los bancos de peces que sólo ellas conocen; los gatos se ponen las botas y, satisfechos después de la comilona nocturna, se relamen los bigotes hasta el amanecer. Pero ¿por qué hacen esto las embarcaciones? Su comportamiento no es desinteresado, puesto que se trata de un trueque: a cambio, los mininos les traen los mejores troncos de los bosques de la región; leños que los barcos utilizan como patas para pasear en tierra firme por los alrededores del muelle, cuando creen que nadie los ve.

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No os extrañéis, pues, si alguna noche venís por el puerto y os parece ver una barca caminando.

Historias del puerto (II)

El puerto de nuestra ciudad es un buen lugar para pasar las tardes de invierno, porque su orientación permite disfrutar de los últimos rayos de sol del día. Por eso a mi hijo Sergi y a mi nos gusta salir a pasear por allí mientras él duerme su siesta en el cochecito.

… ¿He dicho «duerme»? Bueno, eso es lo que parece, aunque en realidad está bien atento. O ¿cómo si no podéis explicar que un niño de once meses conozca las historias del puerto y de sus habitantes platónikos? El otro día lo pillé in fraganti: Sergi aprovecha las noches de luna llena para escabullirse de su camita mientras los demás roncamos; gateando, vuelve al lugar de las siestas para, escondido entre los arbustos, espiar las idas y venidas de gatos, barcos y peces.

Lynguro

Faisán turmalinero
Los lynguros, aves platónikas similares al faisán blanco, destacan por el singular tocado que corona sus cabezas, que no se compone de plumas sino de turmalinas, gemas semipreciosas muy apreciadas por su variedad de colores. Vanidosos por naturaleza, es habitual ver a los lynguros pasear altivos por las praderas de Platonia, alardeando de sus enjoyadas crestas a falta de otras cualidades que exhibir.

Una vez al año, con la llegada del verano, los lynguros mudan su plumaje y, con él, pierden temporalmente su tocado; es entonces cuando los artesanos platónikos aprovechan para recoger las preciosas gemas que luego utilizarán en la elaboración de joyas y adornos.

Lynguro y turmalinas

Pulbo

Pulpo de jardín
Los pulbos platónikos se plantan en primavera: sólo hay que poner sus patitas en remojo y en un par de semanas empiezan a florecer.

Algunos consejos para su cuidado:

1- Lo mejor es utilizar agua de mar para el remojo; por su parentesco con los pulpos marinos, a los pulbos les encanta el agua salada.
2- Para una floración más vigorosa, no hay que olvidar decirles algo bien bonito al oído cada día.
3- Al final de la temporada, es conveniente guardarlos en un lugar fresquito y protegido de la luz del sol; así se conservarán perfectamente para poder volver a disfrutar de ellos al año siguiente.

Ciclo del pulbo platóniko

Esta es una actualización de la primera versión

Dragonáureo

Dragón dorado
El dragonáureo, símbolo platóniko de suerte y prosperidad, es un ser especialmente apreciado en Platonia. No se exhibe ante los ojos de cualquiera: os podéis considerar afortunados si alguna vez alcanzáis a distinguir sus dorados reflejos bajo las aguas o entre las nubes, pues son siempre portadores de buenas nuevas.

Rejas

¿Por qué estudiar humanidades? Porque conocer nos hace libres.

«The problem facing the humanities, in my view, isn’t just about the humanities. It’s about the liberal arts generally (…) So, what good, if any, is the study of the liberal arts, particularly subjects like philosophy? Why, in short, should plumbers study Plato? My answer is that we should strive to be a society of free people, not simply one of well-compensated managers and employees.»

Scott Samuelson, Why I Teach Plato to Plumbers (Liberal arts and the humanities aren’t just for the elite)

Invisible

«De la muda extensión de las cosas debe partir una señal, un reclamo, un guiño: una cosa se separa de las otras con la intención de significar algo… ¿qué? Ella misma, una cosa está contenta de ser mirada por las otras cosas sólo cuando se convence de significarse a sí misma y nada más, en medio de las cosas que se significan a sí mismas y nada más.

Las ocasiones de este tipo no son desde luego frecuentes, pero antes o después han de presentarse: basta esperar que se verifique una de esas afortunadas coincidencias en que el mundo quiere mirar y ser mirado.»

Ítalo Calvino. Palomar.

Sobre las turmalinas

Las turmalinas, piedras consideradas mágicas desde tiempos remotos, fueron llamadas lyngurion por los antiguos griegos. Deben su nombre, aunque ya casi nadie lo recuerda, a los seres platónikos de los que proceden, los lynguros; pues en Platonia estas gemas semipreciosas no se encuentran en oscuras cuevas de las profundidades de la tierra, sino en las coronadas cabezas de unas aves similares al faisán blanco.

Más sobre el Lynguro