Sobre las turmalinas

Las turmalinas, piedras consideradas mágicas desde tiempos remotos, fueron llamadas lyngurion por los antiguos griegos. Deben su nombre, aunque ya casi nadie lo recuerda, a los seres platónikos de los que proceden, los lynguros; pues en Platonia estas gemas semipreciosas no se encuentran en oscuras cuevas de las profundidades de la tierra, sino en las coronadas cabezas de unas aves similares al faisán blanco. Los lynguros, vanidosos por naturaleza, gustan de alardear de sus enjoyadas crestas a falta de otras cualidades que exhibir.
Una vez al año, con la llegada del verano, los lynguros mudan su plumaje y, con él, pierden temporalmente su tocado; es entonces cuando los artesanos platónikos aprovechan para recoger las preciosas gemas que luego utilizarán en la elaboración de joyas y adornos.

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